EL MERCURIO | La sociedad más fría y reservada

"Santiago cambió tan rápido, no hemos alcanzado a definirlo. Tarea urgente para el planificador,

que necesita saber qué percibe, desea y sueña la ciudadanía."

Columna en el diario el Mercurio por Miguel Laborde

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Al escoger tesis para su magíster de Desarrollo Urbano en la Universidad Católica, Rodrigo Urbano se planteó que si el santiaguino es confuso al describir los atributos de su ciudad, tal vez podría hacerlo mejor el extranjero residente.

Aunque cursó Construcción Civil en sus primeros años, luego de vivir fuera de Chile entre 1994 y 2011 cambió su vocación. Porque no reencontró el Santiago que recordaba. Le pareció renovado, energético y activo, pero habitado por gente que seguía quejándose: ¿Por qué esa imagen? Tema crucial, según el escritor Octavio Paz: "Antes de ser piedra, cemento o ladrillo, las ciudades son una imagen".

Decidió dedicarse a la planificación urbana, y comenzar por ese tema base. Tal vez, pensó Urbano, como Santiago cambió tan rápido, no hemos alcanzado a definirlo. Tarea urgente para el planificador, que necesita saber qué percibe, desea y sueña la ciudadanía. El tema es clave según la academia, porque una imagen nítida y eficaz provoca seguridad emotiva y sentido de pertenencia colectiva.

Se encontró con que, para atraer capitales y ser competitivas, las ciudades hacen un uso pragmático de su patrimonio, márketing urbano, y cada una se gestiona como empresa que quiere posicionar su "Marca Ciudad" para "venderse" con obras y eventos que la hagan atrayente. No es lo mismo que la Imagen Ciudad, la que debe atraer inversiones, pero también reflejar a quienes la habitan. Y para esto, necesita que los habitantes compartan algunas percepciones, lugares, relatos.

En Santiago, frente a una mirada adulta pobre -que es ciudad monótona, aburrida, gris-, encontró nuevas generaciones más urbanas y positivas. El extranjero, por su parte, coincide en verla dinámica y emergente, pero de una sociedad cerrada, bastante clasista, consumista y estresada. Marcada por el arribismo, la pertenencia no apunta a la ciudad, sino a una comuna, del mejor estatus posible. En general, los santiaguinos tendríamos "la sociedad más fría y reservada de Latinoamérica".

Celebran los extranjeros el clima, la cordillera y los cerros urbanos, la cercanía de la naturaleza. Detestan la contaminación, que desincentiva las actividades al aire libre y oculta la cordillera. Consideran bonita la ciudad, pero con abandono de lo antiguo. Destacan las torres acristaladas, aunque las ven poco originales; alaban barrios como Lastarria e Italia. Extraño les parece que sea una obra privada la postal de Santiago, el Costanera Center, y no una obra monumental de arquitectura pública.

Muchos dicen que no tuvieron referencias previas, pero se llevaron una sorpresa positiva al llegar. Ven gran comercio, pero poco variado. Una ciudad muy cara. Calidad gastronómica y de viviendas, de clínicas y colegios privados, pero a precios elevados.

¿Ciudad global? Todavía no según el estudio, tal vez en 15 o 20 años, con un gobierno metropolitano, transporte público eléctrico, sin esmog, red de parques de encuentro, eventos colectivos y un Mapocho intervenido. Con más reciclaje y mejor mantención de los barrios tradicionales y definición de su carácter.

Sería un Santiago limpio, seguro y estable -como imagen ciudad-, y con algunos hitos públicos monumentales. La gente, entonces, podría quererlo más.