Giovanni Vecchio, nuevo profesor del IEUT: “Reivindico la movilidad como una herramienta de inclusión social”

DSC09564Giovanni Vecchio es Planificador Urbano del Politécnico de Milán, Italia, donde también cursó el Master in Urban Planning and Policy Design, y obtuvo el grado de Doctor en Urban Planning, Design and Policy.

Habla el español perfectamente. Ello, porque lleva ya algunos años residiendo en el país, trabajando como investigador en el CEDEUS y realizando otras investigaciones.

Durante este semestre dictará clases en pregrado en el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales, abocado principalmente a la movilidad urbana, abordada como una herramienta de inclusion social.

¿Cómo llegó a Chile? ¿Cuáles fueron sus primeras incursiones profesionales y académicas en América Latina? ¿Cuál es su opinion sobre el estallido social y las demandas ciudadanas emanadas desde el 18 de octubre de 2019? Abordamos éstas y otras materias en la siguiente entrevista.

¿Cómo llegaste a estudiar planificación urbana?

GV: Estudié planificación urbana en el pregrado, magíster y doctorado, con algunas pasantías en Inglaterra, Holanda y Colombia. Llegué a esta disciplina porque siempre me interesó ahondar en la manera en cómo la conformación de las ciudades, y sobre todo de los sistemas de movilidad, impactan en la vida de las personas, principalmente porque vivía en las afueras de Milán, Italia, y tenía que convivir con la realidad de estar alejado del centro de la ciudad. A partir del comienzo de mis estudios me he ido enamorando cada vez más de mi trabajo, y me tiene muy contento poder estar en Chile para empaparme y aprender de la realidad local y poder, quizás, aportar con la experiencia que traigo desde otros países.

Tu primer vínculo con Latinoamérica comenzó hace algunos años con una pasantía en Colombia, ¿cómo fue para ti enfrentar las diferencias de los procesos de planificación urbana entre Europa y esta parte del mundo?

GV: Al principio, como es obvio, uno tiene ideas preconcebidas, sobre todo apuntando a que quizás la planificación en América Latina es más incipiente y no del todo consolidada, pero la realidad me mostró algo muy interesante, que fue la creatividad que surgió a raíz de la falta de recursos. Ahí salió el tema que a mi me apasiona, que es el análisis de la movilidad como herramienta de inclusión social, y me sorprendió cómo, tanto en Bogotá como Medellín, afrontaron su realidad de maneras sumamente ingeniosas, por ejemplo, el caso de los buses rápidos en Bogotá en vez de invertir en grandes infraestructuras, o el romper el aislamiento de los barrios informales y aislados con la construcción de teleféricos en Medellín.

Creo que Colombia, y Sudamérica en general, presenta una lógica sumamente interesante de explorar, que es la inventiva y el ingenio que debe aplicarse muchas veces ante la falta de recursos, y en esa lógica es fundamental la conversación fluida e integrada entre el Estado, el mundo privado y la ciudadanía. A veces las soluciones no pasan tanto por los recursos disponibles, sino por la capacidad de acuerdos que exista entre todas las partes involucradas.

¿Y qué sabías de Chile?

GV: La verdad es que no mucho. Chile a ojos de Europa es bien misterioso. Todos sabemos que, si bien es parte de América del Sur, es un país distinto en términos de su desarrollo económico y su posicionamiento internacional en algunas áreas que le hacen sobresalir entre sus pares. Sin embargo, la profundidad de los desafíos urbanos y territoriales de este país era totalmente desconocida para mí, y para muchos que observamos la realidad urbana de diversos países del mundo.

Sí es interesante analizar que aún con grandes índices de desarrollo económico, Chile es un país que presenta también altos índices de desigualdad e inequidad urbana y territorial, principalmente, quizás, por una falta de planificación.

¿Y qué rol, a tu juicio, debiera jugar la planificación urbana en un país como Chile, donde el aparato público está tan atomizado que se deben poner de acuerdo muchos actores y servicios de distinta naturaleza para planificar la ciudad y el territorio, cada uno desde miradas y realidades institucionales completamente distintas entre sí?

GV: Es un tremendo desafío. Por un lado, personalmente siento que estoy donde corresponde, porque Chile tiene grandes desafíos en materia urbana y territorial, porque se puede hacer mucho. Por otro lado, me impresiona mucho que si bien es cierto hay cada vez más conciencia de la urgencia de que exista debida planificación, ésta no logre instalarse como una urgencia clave en la sociedad, a pesar del capital social y de la excelencia de los profesionales y académicos que hay en este país en la materia. Es necesario construir distintos esquemas de relación entre los distintos actores que intervienen la ciudad, no solo el Estado y empresas, sino también las organizaciones ciudadanas, los movimientos sociales e incorporarlos en el diseño de futuras soluciones en materia de movilidad, o en el ámbito de la vivienda y el espacio público, por ejemplo.

Si la ciudadanía se empodera en términos de asumir la necesidad de planificar de buena manera, es un paso significativo para convencer de mejor manera al aparato público, sobre todo para ponernos de acuerdo en un modelo de ciudad que podamos construir entre todos, que en Santiago será uno, y en regiones otro distinto, porque cada región debe resaltar y aprovechar sus propias realidades y bondades.

Entrando a los temas de movilidad, que son tu campo, hace 50 ó 60 años la visión de “ciudades del futuro”, con grandes carreteras y autopistas urbanas, eran el gran sueño de arquitectos y urbanistas, pero la realidad de hoy muestra que ese modelo no convive ni dialoga muy fluidamente con el transporte público y, en definitiva, con la calidad de vida de las personas. ¿Qué ocurre con esta realidad y cómo se trabaja para mejorar este malestar social en torno a la movilidad en las grandes ciudades?

GV: Es un tremendo tema. Solo pensando hacia adentro de la ciudad ya tenemos problemas, pero a las afueras de la ciudad también tenemos temas pendientes de resolver. Nadie queda exento a esta realidad. Uno podría pensar en otro tipo de ciudad, pero no inventando todo de nuevo, sino optimizando lo que existe, llevando la ciudad y los servicios y oportunidades de trabajo a los sectores más alejados de los centros urbanos, lo que evidentemente sería una solución de mediano-largo plazo. Quizás la clave pasa porque el transporte público se transforme en una prioridad, por sobre el uso del automóvil particular, y pensando sobre todo en la cantidad de recursos que se invierten en autopistas urbanas y redistribuir esos recursos, por ejemplo, para apoyar los pasajes de la tercera edad u otros grupos de la sociedad para hacer que la movilidad sea más amable.

Por otro lado, es imperativo que la ciudad tenga más alternativas de movilidad. No puede ser que si el metro presenta una falla masiva la ciudad completa se paralice. Debemos pensar que si pasa eso es necesaria la existencia de corredores de buses que funcionen de manera adecuada, o tener la infraestructura necesaria para desplazarme por la ciudad a pie o en bicicleta u otros ciclos, pero con visión de ciudad, no una visión comunal donde cada municipio se preocupa de su propio territorio. La planificación urbana en materia de movilidad debe ser integrada, de lo contrario, seguiremos en la misma lógica.

Y en este sentido, ¿cómo incide el tema cultural? Porque, en Chile la tenencia de un automóvil se considera como un símbolo de estatus y de éxito social, y cuesta mucho bajarse de él para utilizar el transporte público.

GV: Hay una dimensión cultural y también un tema de confort del viaje del auto, porque es cómodo y te aísla un poco del trajín de la ciudad. Por otro lado, es cierto lo que dices, así como la vivienda en propiedad es visto como un símbolo de progreso social, la tenencia de un auto representa lo mismo, pero es necesario darnos cuenta que la movilidad en la ciudad es un tema de todos y no solo de mi metro cuadrado. El transporte público debe ser priorizado, por supuesto, y propiciar de a poco que las personas disfruten de sistemas de movilidad más diversos, y para eso es importantísimo el espacio público y su calidad. No es posible pedirles a las personas que caminen o se bajen del auto si la ciudad no acoge al peatón, por ejemplo. Deberíamos concebir las calles como espacios multimodales, que acojan a los autos, a los ciclos, bicicletas, peatones, y que también, porqué no, sean puntos de encuentro social, y cambiar la lógica de que en la ciudad las calles son solo para los autos y las veredas solo para los peatones. Entre todos podemos ir modificando la concepción de la ciudad que tenemos y a la que aspiramos.

¿Qué esperas de tus estudiantes, que serán los planificadores urbanos del futuro?

GV: Primero, desde lo técnico, que entiendan y sepan analizar críticamente la normativa que nos rige como estructura administrativa. Un ministerio se hace cargo de la calle, otro ministerio se hace cargo de las obras urbanas, otro se hace cargo de la vivienda, los municipios de construir veredas o ciclovías, etc. Primero, los planificadores urbanos deben saber mirar, conocer e interpretar a sus interlocutores, y para ello es fundamental conocer acabadamente el aparato público con todas sus complejidades. No podemos hacer planificación sin conocer las normas que rigen nuestro país.

Por otro lado, es imperativo que sepan valorar las vivencias de las personas. Dependiendo del lugar donde vives tu visión de la ciudad será distinta. Por lo tanto, tienes en una misma ciudad, distintas concepciones urbanas, y eso finalmente representa una diversidad que es rica de explotar y que debemos saber capitalizar. Debemos saber romper esas burbujas y saber reunir todas esas visiones y tratar, de a poco, de conocer la ciudad en la que vivimos, con distintas realidades de infraestructura y servicios, y desde ahí entender cómo las personas conciben su ciudad y construir una línea base de necesidades, que en el sector oriente serán por supuesto diametralmente distintas a las del sector sur de Santiago, y eso debe llevarnos a una reflexión profunda en materia de desigualdad e inequidad. Por eso reivindico la movilidad como una herramienta de inclusión social, porque la forma en que te desplazas por la ciudad incide mucho en la visión que tengas de la misma.

¿Qué opinión tienes del movimiento ciudadano y del estallido social?

GV: Es interesante observar cómo las personas han levantado sus demandas, que por supuesto tienen gran parte de su origen en las brechas de desigualdad e inequidad urbana y territorial que se han ido acrecentando en Chile durante las últimas décadas. Cuando las personas ven su barrio sin ningún servicio, y van otros barrios llenos de parques, grandes áreas verdes y ampliamente dotados de servicios, evidentemente causa molestia y desánimo. Si ven la ciudad como una conjunción de muchas ciudades distintas y desiguales, es evidente que el descontento se apodera de las personas, y como sociedad debemos saber responder a ello. Por eso es importante lo que conversábamos hace un rato, que es saber incorporar a la ciudadanía en los procesos de planificación urbana y construcción de ciudad, para lograr, ojalá, tener una visión común de ciudad, que no deje a nadie al margen del progreso, y propiciando siempre que las bondades que genera una ciudad lleguen a todos y no solo a algunos.