La profesora Macarena Ibarra reflexiona sobre las transformaciones simbólicas de Plaza Italia/Baquedano a propósito de la inauguración del nuevo eje Alameda-Providencia, abordando cómo el patrimonio urbano se construye, disputa y resignifica en el tiempo.
En una carta al director publicada enBiobiochile.cl, la académica Macarena Ibarra analiza las distintas capas de memoria que convergen en el histórico espacio de Plaza Italia —oficialmente Plaza Baquedano—, a la luz de las recientes intervenciones urbanas y la incorporación de nuevos monumentos. A partir de este caso, la autora invita a repensar el patrimonio como un proceso dinámico, en constante construcción, donde los significados no se fijan únicamente desde lo institucional, sino también desde las prácticas y apropiaciones cotidianas de la ciudadanía.
“El patrimonio no es un objeto inmóvil, sino un reflejo del estado latente de la sociedad”. En esta carta, Macarena Ibarra propone una lectura sobre cómo los espacios públicos condensan memorias en disputa y evolucionan junto a la vida urbana.
Te invitamos a leer la carta completa publicada en BioBiochile.cl:
25 marzo, 2026
De Plaza Italia a Plaza Baquedano…¿Plaza Mistral?

Señor director:
Ante la inauguración del nuevo eje Alameda-Providencia, el lugar que hasta hace pocos años conocimos como Plaza Italia —y que desde 1928 se denomina Plaza Baquedano— nos recuerda cómo en el espacio público se van sedimentando capas de historia y de memoria.
A comienzos del siglo XX, la colonia italiana donó un monumento que simbolizó la independencia de España y que, pese a permanecer apenas 18 años en el centro de la plaza, consolidó por más de un siglo el nombre de Plaza Italia.
Más tarde, la instalación del monumento al general Manuel Baquedano reconfiguró el sentido conmemorativo del lugar y su nomenclatura, dando origen a Plaza Baquedano como emblema de una narrativa republicana.
Hoy, con la incorporación del monumento a Gabriela Mistral, el espacio suma una nueva capa de memoria en reconocimiento a esta notable poeta y a las mujeres de Chile, mientras el espacio vuelve a actualizarse y abre la posibilidad de que estas memorias convivan en un mismo e icónico espacio urbano.
Desde esta perspectiva, los últimos cinco años removieron un orden simbólico que parecía estable, recordándonos que el patrimonio no es un objeto inmóvil, sino un reflejo del estado latente de la sociedad.
Ese proceso también puede leerse como un activador de memoria social, capaz de reabrir preguntas sobre los significados que proyectamos en nuestros monumentos y en los nombres de la ciudad.








